Te sentaste a mirar cómo la vida pasa y no pasó.
Te quedaste en la cama un día en que el sol brillaba y no brilló.
Y te preguntaste porqué no sucedió lo que se supone debe suceder.
Ni siquiera lo pensaste y te enojaste con la vida una vez más.
Y te fuiste tropezando con tus propios pies, gritándole al mundo que todo estaba mal, susurrándole al débil lo que no quería escuchar.
Pero al final caíste, porque ya no quedaba camino, y chocaste, porque el muro ya no podía retroceder más, porque tu paso hace tiempo tuvo que parar; no para renovarte, no para comenzar de nuevo, no para partir de cero, sino para calmar tu ansia, para sanar tu alma, para corregir errores, para seguir avanzando a la par del reparo, para rescatar y enmendar.
Te descubriste porque nunca habías mirado hacia adentro, encontraste y entregaste.
Entonces, de pronto, la vida pasó contigo en ella y el sol brilló mientras lo mirabas en vela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario