martes, 30 de septiembre de 2014

Una verdad anónima.

Alguna vez, en algún momento, alguien me dijo que tenía que ser feliz, que para querer a alguien primero tenía que quererme a mí, que nada es imposible y que ningún problema es el fin.
Con decir alguien, no sé a quién referirme, con algún momento, tiene que ser dentro de estos veinte años... y no recuerdo quién me ha dado consejos. A veces no tengo memorias y sólo vivo el presente. Porque no sé si quiso decírmelo alguna persona en el exterior o fue esta voz aquí dentro que me hace escribir esto, de la cual no tengo nombre ni imagen, sin embargo, me hace hablar.
Supongo entonces que yo soy la que se repite a sí todos los días lo anterior. Que dice tantas cosas bonitas y estas frases utópicas que desearíamos que el mundo aplicara en la realidad.
Ahora, ¿es tan verdaderamente cierto lo que queremos? si cuando vemos a alguien feliz nos extrañamos, si cuando queremos viene quién dice que es mejor ir a paso lento, que cuando tenemos un problema, otra persona tiene otro peor. ¿Por qué?
Quiero que me respondan porqué es tan extraño ser feliz sin motivo aparente. Porqué hace falta querer a alguien más para darme cuenta que me tengo que querer a mí. Porqué nada es imposible, si hay cosas que certeramente no puedo hacer, sea como sea que lo intente. Por qué ningún problema es el fin, si para mi, mi problema es el fin del mundo.
Porqué nadie nos deja vivir a pleno, porqué tenemos que seguir las reglas universales de una moral injusta que no nos permite creer en lo que creemos.
Quiero creer en lo literal, sin que alguien me diga "es una metáfora", déjenme vivir en mis pensamientos inmortales si no quiero salir a enfrentar la realidad. Déjenme negar todo lo que no quiero ver y no me digan "tienes que ver la vida como es", tal vez el "como es" para mi es como yo quiero verlo, aunque tú me digas otra cosa.
No es justo que tenga que escuchar al resto porque es una forma cordial de aceptar ayuda. A lo mejor mi mente es lo suficientemente capaz de resolver mis inquietudes y nadie tenga que venir a rescatarme de una incertidumbre.
A lo mejor, quiero equivocarme tantas veces como pueda, sólo por el hecho de sentir esa tristeza de no poder llegar.
O en su defecto, de así entonces cuando vaya por el camino correcto disfrute con más ganas el sabor al acierto.
Es este para mí; no para ustedes, el tiempo de ser quién y cómo quiero ser. No hace falta que vengas a decirme que es lo mejor y que no. No hace falta que te prepares para darme una cátedra. Éste es mi momento (o para quién lo lee, el tuyo) de abrir las alas que nadie ve, para saber que puedes volar aunque sea en una mínima parte de un mundo inexistente, pero que los demás ignoran aún más.
No es con dejar una moraleja. Nada más decir, que tanto tiempo pasa tan rápido, que esperar a que venga alguien a decirnos que es lo correcto, no es precisamente lo correcto ahora. Siento aquí dentro que es el momento de tirarme al vacío para saber si voy a caer o si estas alas lograrán alzar el vuelo.

martes, 9 de septiembre de 2014

Volvamos a vivir.

Quiero creer que no voy a caer,
Que el mundo es sólo una ilusión,
que todo pasa, que todo tiene solución.

Que alguien me acompañe en este vuelo efímero,
que parece infinito, del que no voy a caer.
No miento si digo que quiero,
Quiero que me den la mano, sólo para sentir calor.

No son palabras en vano,
van con deseo,
dedicadas a ti,
que no me importa cuanto viviste,
quiero que el tiempo no te pase la cuenta.

No tengo tiempo para perder el tiempo.
Sé que vas a estar, aún quedan momentos.
Pero claro está que lloverá,
si tus sonidos hacen sordos al resto.

Y eso es lo que más deseo,
deseo que mañana amanezca con tus historias,
que nos hagas recordar tu vida en eternas conversaciones,
que todos los años volvamos hacia atrás.

Recuerda que nada es porque sí.
Que si nos enseñaste a sumar,
hoy intenta aprender de mi y vuelve a charlar.
Que si nos enseñaste a jugar,
hoy te devuelvo la mano,
para estar en tus días y hacerlos más felices.

Ya no hay tanto que decir,
queda que el corazón se dedique a saltar,
que la mente retome su rumbo
y que todos los que estamos aquí,
valoremos un día más vivir junto a ti.




viernes, 5 de septiembre de 2014

Veinte años

Es tan difícil saber que naciste una vez y que veinte años después lo vuelvas a pensar. Es difícil querer que todos te quieran, que algunos lo hagan y que no lo sientas. Cuesta tanto asumir que hay personas que si te piensan y aquí como fiel amante de la antipoesía sigues recurriendo a lo más fácil, criticar todo lo que el resto hace y lo que tu mismo haces por miedo a que otro lo haga.
Son 100 años de uno que dejó huella inmensa y 20 de quien quisiera dejarla.
Es difícil pensar que puedes lograrlo, porque nadie se cree capaz de ser alguien, o quizás todos, menos yo.
Gracias a quienes estuvieron y no los ví, gracias a los me llamaron y que pensé que sus voces eran una ilusión y gracias también a quienes me dieron la vida que aun que me cuesta tanto vivirla, sé que algún día voy a mirar atrás este camino piedroso y quiero creer que me sentiré orgullosa de cada piedra que levanté.
Después de salir aquí cerca a descubrir el mundo, me doy cuenta que no es posible conocer tantos lugares yendo a la esquina. Quiero dar gracias por darme la vida momentos de aprender, de enseñar lo que no sé, de querer tantas cosas aunque no haga mucho por ellas. Sé que un día voy a lograr todo lo que alguna vez soñé, sé que me sentiré valiente algún día, sé que por más que hoy lo niegue todo, que por más que siempre piense que nada es para mí, que lo bueno es cosa de invenciones, llegará el día en que me arme de valor y el ridículo sea nada a mi lado, estaré parada frente a mis sueños y uno a uno los iré cumpliendo, todos al cien, con amor a lo que haga y con las soluciones que francamente cantaré al problema que se presente.
No es fácil darse cuenta de las cosas buenas que la vida nos da y muchas veces, superficialmente nos creemos felices y agradecemos todo lo que tenemos, sin embargo, en un pensamiento interior y pofundo, siempre estamos pensando en lo peor. Así como hoy el día pasó con altos y bajos, con esos pensamientos que de manera imposible; a pesar que todos, sí, todos digan que nada es imposible, para mí dejar de pensar en las nubes negras lo es, incluso con esto, me paro aquí para dejar firmado, que un día, sea cual sea, quizás mañana, quizás en treinta años más, los sueños que un día tuve, serán cumplidos. Amaré con locura y no voy a arrepentirme de ello, iré tranquilamente por distintas tierras y pensamientos humanos e inhumanos, del cielo, espirituales o como quieran llamarles. Voy a cantar como si fuera quien mejor lo hace en este universo y sobretodo, voy a perdonar a todos quienes alguna vez pensé que me hicieron mal, aun que no tenga porqué hacerlo, aunque su mal nunca hubiese ido en mi dirección, incluso aunque nunca hubiesen pensado en mi y por eso más que todo. Voy a perdonar en algún momento de mi vida a quien por hacer nada precisamente, dejó mi alma, esa que siento tan profunda en mi pecho aún más hundida.
Y aquí dejando el frío y tan oscuro pensamiento negro, de pena inmensa y de soledad, despido este día que me recordó que hace veinte años empezaba esta vida que siento tan anormal, tan distinta a todas, tan principalmente oscura con rayitos de luz que me han dado la fuerza de avanzar día a día y con una sonrisa a veces media hipócrita enfrentar las mañanas para comenzar a vivir otras vienticuatro horas de igualdad. Nada más que decir, son veinte años de los que probablemente recuerde la mitad y que no sabemos cuantos más vendrán.
Lo más importante, GRACIAS, por lo bueno, por lo malo, GRACIAS. Veinte años.