No voy a olvidar, tampoco tengo nada que perdonar. No voy a dejar de sentir fuerte, ni de racionalizar. Hay cosas que se pueden mezclar, que se complementan.
No tengo orgullo del malo, me arrepiento de palabras y pensamientos equivocados, reconozco y sigo avanzando con mayor cautela, con nuevos pensamientos y más aprendizaje.
No pretendo vivir del arrepentimiento, sino de su enseñanza, alcanzar nuevos puntos de vista, analizarlos y ponerlos en marcha.
Pido perdón porque realmente lo siento, ese perdón para no volver a cometer el mismo error. Y sí, no lo prometo, pero lo intento.
No niego que volveré a caer, pero me volveré a levantar y volveré a intentar hacerlo bien, hacerlo mejor.
Gracias por no callar mis malos actos, de no ser así, no habría crecido.
Sufrí mis errores, lo comento con total naturalidad, porque es humano errar y hasta donde sé, aún no soy un ser extraordinario.
No soy alguien interesante, pero si soy quien está en constante aprendizaje, quien toma los consejos y reproches que puedan mejorarme, quien se esfuerza cada día por no quedarse en el mismo lugar, en la misma ignorancia, en la mente pasada.
A veces creemos que no es tan grave, pero pequeños detalles suman una bomba y es ahí cuando nos damos cuenta que hicimos del todo, un poco mal y que es momento de concientizarlo a uno mismo y mejorar.
Dicen que el primer paso es aceptarlo. Lo acepto y me hago cargo, camino, avanzo y no paro hasta confirmar en mi interior los buenos actos.