Si me preguntas si cuántas veces caí, no sabría responder, jamás las conté.
Si me preguntas porqué me levanté, la verdad es que no lo sé, puede que sea un don, uno bastante malo, pero que al fin y al cabo me permite seguir.
Si me preguntas si lo pensé, te afirmo que sí, sin titubear. Que lo pensé tantas veces como caí y como me levanté.
Si me preguntas porqué lo pensé, te voy a ser aún más sincera; porque tenía miedo, miedo de no cumplir, miedo de no ser lo que esperaban, miedo de abandonar, miedos que se intensificaban cuando aún no tenían apellido. Además de miedo, tenía preguntas sin respuesta, mal formuladas y totalmente estereotipadas. Tenía dolor sin haber sufrido un golpe, dolor de ese de adentro, que viene solo, sin que lo llamen. Quería que ese dolor tuviese una razón. Necesitaba una justificación para ese dolor, porque mi cabeza sumamente cuadrada no me permitía sentir el dolor sin saber de donde provenía. "Ojos que no ven, corazón que no siente" pues, mis ojos no veían, pero se acrecentaba el sentir del corazón, al ocultarle a la vista el motivo.
Y no sólo divagó por mi mente como cualquier otro pensamiento, sino que me lo afirmé, me convencí de ello, pero no me atreví.
De la cobardía de la mente, surgió la del acto.
Finalmente se quedó solo en pensamiento, por más que me asegurara a mi misma que el dolor tenía que venir de algún lado, con el paso del tiempo, de los años más bien, me rendí, no le encontré proveniencia, aparecía de vez en cuando y yo me lo imaginaba como una neurona chocando -para por último sentir que en la cabeza había algo de dolor-, explotando con otra y creando ese dolor infinito, pero raudo, que no tiene lógica, que aparece en el momento menos indicado, que me deja sin palabras.
Entonces, pregúntame de nuevo si lo pensé y porqué; mi respuesta va a ser la misma, es una respuesta que me inventé al no encontrarle una certera. Lo pensé tantas veces como caí y como me levanté, lo pensé por miedo, lo pensé por las preguntas incógnitas, por el dolor sin apariencia.
Nací de la cobardía y me alimenté de la invisibilidad que ronda aquí arriba, hasta que un día...
Así termina, cuando llegue ese día, serán invitados a celebrar el fin de una historia amarga.
Si me preguntas porqué me levanté, la verdad es que no lo sé, puede que sea un don, uno bastante malo, pero que al fin y al cabo me permite seguir.
Si me preguntas si lo pensé, te afirmo que sí, sin titubear. Que lo pensé tantas veces como caí y como me levanté.
Si me preguntas porqué lo pensé, te voy a ser aún más sincera; porque tenía miedo, miedo de no cumplir, miedo de no ser lo que esperaban, miedo de abandonar, miedos que se intensificaban cuando aún no tenían apellido. Además de miedo, tenía preguntas sin respuesta, mal formuladas y totalmente estereotipadas. Tenía dolor sin haber sufrido un golpe, dolor de ese de adentro, que viene solo, sin que lo llamen. Quería que ese dolor tuviese una razón. Necesitaba una justificación para ese dolor, porque mi cabeza sumamente cuadrada no me permitía sentir el dolor sin saber de donde provenía. "Ojos que no ven, corazón que no siente" pues, mis ojos no veían, pero se acrecentaba el sentir del corazón, al ocultarle a la vista el motivo.
Y no sólo divagó por mi mente como cualquier otro pensamiento, sino que me lo afirmé, me convencí de ello, pero no me atreví.
De la cobardía de la mente, surgió la del acto.
Finalmente se quedó solo en pensamiento, por más que me asegurara a mi misma que el dolor tenía que venir de algún lado, con el paso del tiempo, de los años más bien, me rendí, no le encontré proveniencia, aparecía de vez en cuando y yo me lo imaginaba como una neurona chocando -para por último sentir que en la cabeza había algo de dolor-, explotando con otra y creando ese dolor infinito, pero raudo, que no tiene lógica, que aparece en el momento menos indicado, que me deja sin palabras.
Entonces, pregúntame de nuevo si lo pensé y porqué; mi respuesta va a ser la misma, es una respuesta que me inventé al no encontrarle una certera. Lo pensé tantas veces como caí y como me levanté, lo pensé por miedo, lo pensé por las preguntas incógnitas, por el dolor sin apariencia.
Nací de la cobardía y me alimenté de la invisibilidad que ronda aquí arriba, hasta que un día...
Así termina, cuando llegue ese día, serán invitados a celebrar el fin de una historia amarga.