Siento a veces que,
mientras tantos muchos florecen con el día,
yo de pronto, me voy muriendo de a poquito y muy despacio.
Que cuando pasan las horas, retumban en mi cabeza,
se cierran mis ojos,
y mi respiración se vuelve cortita y suave.
Y llega la noche, me vuelvo oscura, como ella.
Los oídos se me tapan con gotas de aire,
o vientos, o huracanes.
Y mis manos de repente tiemblan,
se calman, duelen, se ponen rígidas,
incluso frías, tanto como la fiebre.
Me siento desvanecer,
el estómago se me revuelve,
las tripas chillan y devuelven.
Y a pesar de lo físico,
el alma llora, susurrando miedos.
Intentando serenidad,
pero el cuerpo no esconde.
Y callo, aún sin haber dicho palabra,
me tumbo y trato de pacificar esta respiración que se enloquece.
De repente, ya no hay más.
No se escucha, no se siente,
Sí, se siente, se siente como el dormir,
tranquilo, sin apuro.
Aquí ya no hay más,
más nada de lo que te he contado.
Aquí solo paz, tranquilidad y verdad imperativa.
mientras tantos muchos florecen con el día,
yo de pronto, me voy muriendo de a poquito y muy despacio.
Que cuando pasan las horas, retumban en mi cabeza,
se cierran mis ojos,
y mi respiración se vuelve cortita y suave.
Y llega la noche, me vuelvo oscura, como ella.
Los oídos se me tapan con gotas de aire,
o vientos, o huracanes.
Y mis manos de repente tiemblan,
se calman, duelen, se ponen rígidas,
incluso frías, tanto como la fiebre.
Me siento desvanecer,
el estómago se me revuelve,
las tripas chillan y devuelven.
Y a pesar de lo físico,
el alma llora, susurrando miedos.
Intentando serenidad,
pero el cuerpo no esconde.
Y callo, aún sin haber dicho palabra,
me tumbo y trato de pacificar esta respiración que se enloquece.
De repente, ya no hay más.
No se escucha, no se siente,
Sí, se siente, se siente como el dormir,
tranquilo, sin apuro.
Aquí ya no hay más,
más nada de lo que te he contado.
Aquí solo paz, tranquilidad y verdad imperativa.