viernes, 30 de agosto de 2013

La lucha.

Todos luchamos día a día, la vida es una lucha, intentamos sobrevivir a ella y buscamos distintas maneras de avanzar. Sin embargo, la lucha de muchos de nosotros en ínfima a la de otros. La verdad, no podría decir que alguna lucha es insignificante, todas tienen valor y conllevan al mismo objetivo; vivir.

Ahora, si nos ponemos a dividir los tipos de luchas, encontramos millones y millones, es decir, una por cada persona del planeta. Todas las luchas son distintas, pero todas, reitero, conducen a una sola finalidad.  Me parece muy necesario para darnos cuenta la lucha que estamos llevando, es preguntarnos: ¿Para qué luchamos? ¿Por qué queremos vivir? ¿Cuál es la razón por la que elegimos seguir día a día? Siempre hay una respuesta a esas preguntas, ya sea: amar, liberarse, avanzar, vivir, cumplir sueños, alcanzar metas, etc. cualquiera sea ésta, es la realidad por la que vivimos y para que nos levantamos todas las mañanas.
 Y como escribe Victor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido”:  

El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida.”

“A un hombre le pueden robar todo, menos una cosa, la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino.

Si nos direccionamos a unas de las más crudas luchas, encontramos la de la Libertad. Aquella en la que las personas buscan ser autónomas tanto interior como exteriormente. De manera general, creo que la lucha por la libertad es elegir el camino de la independencia, de escape, del despojo de la esclavitud, de dejar de sufrir. Es una libertad que te aleja de aquellos dolores que sientes más espantosos. Físicamente se quiere salir de las rejas, de los tablones, de las cuatro paredes que no te dejan ir. Interiormente, se desea escapar del sufrimiento, de la pena constante, de la impotencia de no poder alejarse de aquellas paredes internas que te encierran.

Por otra parte, la lucha por salir de la pobreza es una de las principales en la que ser débil lleva a la nada, en la que la constancia toma el mando. Es una lucha de la nadie puede prescindir. Nadie sabe si algún día podría combatir en ella.

Avanzar dos pasos y retroceder uno; es así como muchos de aquellos que llevan esta lucha viven sus días. Cuando quienes que luchan por otro propósito, no dimensionan, no le toman el valor a esta batalla, marchan cinco pasos, tal vez retroceden medio, pero no se dan cuenta que a su lado otros avanzan dos y ellos mismos los obligan a retroceder uno.
Aún así, aquellos que intentan progresar y ganar su batalla de la penuria logran con esfuerzo y constancia avanzar, sin importar cuánto han retrocedido, sin importar si algún otro luchador intenta hacerlos tropezar.

Creo firmemente en poder doblarle la mano al destino o a ese distinto luchador, hacerlo creer en algo más. Regalarle una sonrisa sin esperar respuesta, sólo dar media vuelta y con aquel gesto lograr que éste mire más allá de su nariz.
No hace falta que alguien venga y te diga “has marchado bien”, no hace falta que te recuerden que tan bien o mal llevas tu paso. Lo importante es lo seguro que te sientas por el camino en el que vas, el que elegiste o el que la vida te dio para seguir.

“Siempre le pedimos algo a la vida pero nunca nos detenemos a preguntarle a la vida que nos pide ella a nosotros.”

Sea la situación que sea, en el momento que sea, hay que dar lo mejor de sí. Hay que tener el valor para avanzar y para ganar la lucha. El vivir no es solo despertar y seguir al pie de la letra la rutina del día. Vivir es saber porqué y para qué vives, luchar por aquello que anhelas, aunque tu razón de vivir sea solo, valga la redundancia; vivir.
Muchas veces nuestros fines se cumplen, dejando de recuerdo el esfuerzo atrás de nosotros. Mirar hacia adelante y ver la meta, clavar la espada en la piedra y sentir que por fin triunfaste y que aquella lucha no fue en vano. Ese es el final feliz de la historia que cada persona construye, sin embargo, depende de cada uno llegar a ello. Quien caminó dejando huella, probablemente pueda cumplir con su final perfecto, su propio final, pero incluso aunque lleguemos a él, nunca debemos dejar de luchar.