Para dónde vas sin destino, dijo un día el caminante sin camino.
Y ahí todo cobró sentido.
No había nada que entender, nada que reclamar, nada que despejar.
A veces no hay respuesta para todo, ni cordura en muchas preguntas.
Y en el alboroto de la cabeza, se expandían las raíces que se aferraban a nada.
Sentir la emoción de vivir lo incomprensible y no fallar en el intento. Y fallar en el intento, y volver a vivir.
El tiempo se detiene en instantes perfectos; al acostarse cansada y feliz, al cerrar los ojos y sonreír, al sentir el peso en los párpados y tirar una carcajada al aire.
Entonces, otra cosa entendí; no porque decidas ser feliz significa que no te van a volver a herir.
Y ahí, se sigue componiendo la vida.
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