lunes, 5 de junio de 2017

No necesitas saber mi nombre para conocerme, ni mi cara, ni mi cuerpo. 
Nada de eso refleja quien soy.
Quizás podrías comenzar por preguntarme mis gustos, mis preferencias, disgustos y trivialidades.
Puedes preguntarme cosas absurdas porque me gusta darles un giro y hacerlas interesantes. 
Puedes dejarme escucharte, preguntar lo que opino de ti, si concuerdo con tus pensamientos o si puedo darte un buen consejo.
Luego, (o antes) podemos hablar de cosas existenciales, de la vida, de las personas, de que pasa por sus mentes y por las nuestras, del universo.
Podemos conversar de temas contingentes -previamente investigados, porque no quiero escuchar incoherencias o un "idem"-.
Me gustaría que me des tus puntos de vista.
Qué te parece si nos tomamos un café, nos reímos un poco, nos acordamos del pasado, nos contamos el presente, soñamos el futuro y nos conocemos de verdad.

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