¿Cuándo nos damos cuenta que estamos haciendo algo que amamos?
¿Cuando te saca una sonrisa de sólo pensarlo o cuando te ahogas en un vaso de agua porque no te sale perfecto?
¿Cuando se vuelve fácil y de corrido o cuándo tropiezas mil veces hasta que lo logras?
Cuando hacemos algo que amamos no siempre sale todo bien, los altos y bajos de los montes se ven desde lejos, pero no nos detenemos a hacernos la cabeza y encerrarnos en la negativa terca y severa.
Cuando hacemos algo que amamos nos lanzamos al vacío, no vemos el fondo y no nos importa. Volamos y volamos sin saber a donde llegaremos y esa es nuestra preocupación más pequeña dentro de todo.
Cuando hacemos algo que amamos no nos detienen ni mil tormentas, ni sus truenos, ni sus relámpagos porque sabemos que en algún momento el sol saldrá.
Cuando hacemos algo que amamos nos sumergimos en la imaginación y la fantasía de irrealidades que pronto concretaremos, más que en nuestras mentes, en nuestros actos.
Cuando hacemos algo que amamos, al final del día nos sentimos satisfechos, nos sentimos libres y con ganas de hacer más de eso que amamos.
Cuando hacemos algo que amamos, no nos amarramos a la silla, soltamos las ataduras y las raíces que nos mantienen aquí para seguir hacia donde queremos ir.
Cuando hacemos algo que amamos, nada nos detiene, los espejismos se vuelven sustanciales, los sueños se delimitan sin dejar de enriquecerse.
Cuando hacemos algo que amamos, no tenemos miedo de fracasar, porque no existe el fracaso en el amor profundo que sentimos por eso, porque no hay fronteras, ni barreras, ni un espacio definido para hacer crecer eso que tanto amamos hacer.
¿Cuando te saca una sonrisa de sólo pensarlo o cuando te ahogas en un vaso de agua porque no te sale perfecto?
¿Cuando se vuelve fácil y de corrido o cuándo tropiezas mil veces hasta que lo logras?
Cuando hacemos algo que amamos no siempre sale todo bien, los altos y bajos de los montes se ven desde lejos, pero no nos detenemos a hacernos la cabeza y encerrarnos en la negativa terca y severa.
Cuando hacemos algo que amamos nos lanzamos al vacío, no vemos el fondo y no nos importa. Volamos y volamos sin saber a donde llegaremos y esa es nuestra preocupación más pequeña dentro de todo.
Cuando hacemos algo que amamos no nos detienen ni mil tormentas, ni sus truenos, ni sus relámpagos porque sabemos que en algún momento el sol saldrá.
Cuando hacemos algo que amamos nos sumergimos en la imaginación y la fantasía de irrealidades que pronto concretaremos, más que en nuestras mentes, en nuestros actos.
Cuando hacemos algo que amamos, al final del día nos sentimos satisfechos, nos sentimos libres y con ganas de hacer más de eso que amamos.
Cuando hacemos algo que amamos, no nos amarramos a la silla, soltamos las ataduras y las raíces que nos mantienen aquí para seguir hacia donde queremos ir.
Cuando hacemos algo que amamos, nada nos detiene, los espejismos se vuelven sustanciales, los sueños se delimitan sin dejar de enriquecerse.
Cuando hacemos algo que amamos, no tenemos miedo de fracasar, porque no existe el fracaso en el amor profundo que sentimos por eso, porque no hay fronteras, ni barreras, ni un espacio definido para hacer crecer eso que tanto amamos hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario