sábado, 29 de septiembre de 2018

De a poco me voy conectando, dando cuenta de muchas cosas, dejando atrás otras.
Con el tiempo voy soltando y espantando miedos. Más que con el tiempo, con lo aprendido con lo vivido y con lo olvidado.
De pronto muchos prejuicios quedan atrás, la cabeza ya no me da tantas vueltas y aunque aquí se aclare un poco el panorama, entiendo que no en todas las cabezas pasa.
Intento ponerme en sus zapatos y en los suyos y en los suyos...
Recuerdo cuando caía porque tenía pegados los pies al suelo, cuando estaba cerquita de él y aún así me parecía que bajaba treinta pisos.
Habían días, pocos pero habían. Y habían noches, muchas noches.
En este presente abundan precarios los temores y la decisión está mucho más clara. La firmeza que faltaba con sus bases claras, hoy ya son totalmente transparentes, hoy se esfuman para darle paso.
Poco hablé en el tiempo pasado y mucho dije por escrito a nadie directamente, aún así sentía que me escuchaba y los consejos venían del mismo lugar, eran propios.
Cuánta libertad falta y con ella segura la felicidad para la vida, pero de a poco. Porque aprendí a vivir con un poco más de calma, con tiempo al tiempo y esas frases que pareciera que te dicen la verdad, entonces las lees y te las adueñas.
Y me acuerdo cuando pensaba tantas, tantas cosas, y las evitaba, y me decía internamente como si fueran mil consejeras distintas "es imposible", "quizás sí", "no, no pasa nada", "sí, no te preocupes", "no, nada que ver" y así, me conversaba y convencía de muchas cosas equivocadas.
Gracias a quien deba dárselas por encontrar caminos que juraba perdidos, por desenredar nudos que parecían ciegos, por convertir en línea, el punto y concebir posible un espectro enorme de posibilidades y aciertos.
Gracias por dibujar un paisaje claro, gracias por aún nublado el cielo encontrarle lo bonito, lo perfecto en lo imperfecto.
Gracias por convencerme de que no es necesario el rosa para un mundo de color.

No hay comentarios:

Publicar un comentario