Aprendí cosas simples, como a querer el pelo corto, a caminar y escuchar el silencio, como respirar sin pensarlo.
Vivir la paz en este lugar, sentir el viento que me vuela los pelos y dejar que se tropiecen en mi cara. Apreciar el sonido y ver tintinear las hojas de los árboles, parar un instante y mirarlas en cámara lenta. Soportar los rayos de sol que me atraviesan la espalda. Cantar sobre una canción y detenerme a oír cada instrumento. Pasar tiempo sentada en un columpio, pasar tiempo sólo viviendo.
Aún falta mucho por aprender...
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