domingo, 2 de julio de 2017

Campo de helechos

La emoción que provoca encontrar respuestas por casualidad. Después de mucho, no sin esfuerzo, he descubierto un pedacito de mi en la realidad más simple, y la parafraseo para adueñarme de ella.
Hace muchos muchos años habita en la tierra; húmeda.
Sin venir de una semilla; nació.
Irónicamente, en uno de los lugares más lindos del planeta; abunda.
¡Tantas cosas esconde un bosque!
Es el detalle en la inmensidad, y no es uno, son cientos, que por más pequeños que sean, aparecen para llenar espacios vacíos. También puede ser gigante, pero por debajo los árboles, un poco escondido del fulgor. Cauteloso.
Alimentado por delicados rayos de sol que se cuelan entre las ramas de los árboles. No muy fuertes, por favor, que se muere. Tal cual.
Además de sol, se nutre de las hojas que han botado los árboles cuando cambian sus colores para dar paso a nuevas. No todo podía ser perfecto.
Imagínense, que puede incluso emerger en rocas, sólo por los rayos del sol. Sólo con un poco de amor, brota en lo inerte.
Independiente; como cae, se levanta. Como muere, vuelve a nacer.
Hermoso para los ojos de algunos, indiferente para los de otros. Todos saben que existe, pero pasa desapercibido. Nadie lo conoce realmente.
Humedad permanente, luz tenue, lugar sombrío. Pensamiento eterno, palabra sutil, mente melancólica.
Se le quiere fácil, se muestra elegante, moderno. A pesar de ser tan antiguo, nunca pierde el encanto, no parece ser tan complicado. No parece ser tan complicado, quizás no lo es, quizás sólo él siente que lo es, por vivir tanto.
Déjenle ser a su propia manera, no le lleven a lo común, que se le dificulta lo corriente.
Increíble, que con un pedacito de sí haga renacer a muchos. Increíble, que su forma de dar vida nos coincida.
Cuánto de mí, en un helecho.

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