viernes, 23 de marzo de 2012

Sus sombras

Y miró hacia adelante,
pensando no volver atrás,
se comió el orgullo
y siguió sin más.

Ella convertida en estatua,
sin párpados,
ni lágrimas,
Fue de mármol cinco minutos,
al sexto un estropajo.

Mordía las palabras,
aquellas que tragó,
revoloteaban algunas,
ahí, sí, en su corazón.

Ahí seguía ella,
del manto un río brotó,
no sabía si era llanto
o la lluvia que la azotó.

Comenzaba a la inversa,
él, junto al próximo bagón,
recordaba lo que olvidaba,
y su orgullo otra vez gritaba.

En sus ojos una llama,
era blanca y se volvió tornasol,
escupió aquello que odiaba,
y seguía ahí tirada.

Aquí se quedó él,
oyendo su silencio,
cantando unas notas rotas,
que con sus propias manos arregló.

Eran él y ella,
cada uno en palmas adversas,
contemplaban sus propias almas
y nuevamente las pintaban.

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