En el gris de la calle,
perdida siempre en detalles,
se pasaba la vida,
sin mirar el reloj.
Se olvidaba del tiempo,
vivía todo en un momento,
con afán de algún día,
contemplarlo como un cuadro.
En el jardín o en la cocina,
se apresuraba y todo lo hacía,
regaba y servía,
sembraba y recogía.
Y así pasó su vida,
perdida siempre en detalles,
todo rápido y ordenado,
ni un sólo pelo descuidado.
Pero la alcanzó un día,
en el que no supo que hacer,
no quedaba plantas que regar,
ni platos que servir.
Se sentó fingiendo tranquilidad,
a esperar que le deparaba la vida,
y se durmió de pronto,
sin conocer jamás la palma de su mano.
perdida siempre en detalles,
se pasaba la vida,
sin mirar el reloj.
Se olvidaba del tiempo,
vivía todo en un momento,
con afán de algún día,
contemplarlo como un cuadro.
En el jardín o en la cocina,
se apresuraba y todo lo hacía,
regaba y servía,
sembraba y recogía.
Y así pasó su vida,
perdida siempre en detalles,
todo rápido y ordenado,
ni un sólo pelo descuidado.
Pero la alcanzó un día,
en el que no supo que hacer,
no quedaba plantas que regar,
ni platos que servir.
Se sentó fingiendo tranquilidad,
a esperar que le deparaba la vida,
y se durmió de pronto,
sin conocer jamás la palma de su mano.
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